La verdad es como la
cebolla. Quitas una capa y sigue otra y
otra y otra y ...
Cada vez que tocas una capa es entera, completa, un círculo que no se rompe, pero sigue otro debajo del primero. Así continua otro y otro y otro, hasta que llegas al último. Pero todos son la cebolla. Así la verdad está conformada por ciclos completos, pero siempre sigue otro, hasta que llegas hasta lo más profundo de ella. Podemos creer que estamos en el último círculo, y no podemos saber que no es así hasta que buscamos el siguiente y ya no hallamos ninguno porque hemos llegado hasta el más escondido.
Cada vez que tocas una capa es entera, completa, un círculo que no se rompe, pero sigue otro debajo del primero. Así continua otro y otro y otro, hasta que llegas al último. Pero todos son la cebolla. Así la verdad está conformada por ciclos completos, pero siempre sigue otro, hasta que llegas hasta lo más profundo de ella. Podemos creer que estamos en el último círculo, y no podemos saber que no es así hasta que buscamos el siguiente y ya no hallamos ninguno porque hemos llegado hasta el más escondido.
James Dobson, en
su libro: “Emociones, ¿puedes confiar en
ellas?” lo expresa así: “La verdad es
unidad. En otras palabras, cuando el
entendimiento acerca de ciertas cosas es completamente sabido no habrá
discrepancia entre la ciencia y la Biblia.
Por consiguiente, cuando estas dos fuentes de conocimiento parecen
estar en contradicción directa … o algo está mal en nuestra interpretación de
las escrituras o la premisa científica es falsa.”
La
verdad debe ser considerada, reconocida y atesorada. Ignorarla, negarla, menospreciarla o
despreciarla puede acarrear dolores muy grandes, provocar heridas muy profundas
y traer destrucción irreparable.
La
verdad puede ser muy dolorosa. La verdad que rige nuestras vidas debe ser la verdad interior. Cada uno debe saber si necesita saber más
acerca de ciertas cosas. P.ej. a) Si
se desaparece algo de mi despensa, debo decidir si deseo dejarlo pasar, o si
voy a realizar una investigación exhaustiva hasta averiguar si fue uno de mis
hijos o alguno de los empleados. b) En casos de adulterio, cuando ha habido
perdón, puede ser que la persona agraviada necesite
saber ciertas cosas para poder seguir adelante.
La persona agraviada es la que debe decidir qué necesita saber y qué no
necesita saber para poder continuar. En
el caso del agresor, él mismo debe estar seguro de que toda la culpa es suya y
que puede continuar con el perdón de su pareja.
Tanto el no ser honesto al contestar las preguntas de su pareja, como el
compartir con ella cosas que ella no desea saber, pone la relación en riesgo.
Debemos
aprender a estar en paz con nosotros mismos y con Dios, no forzando las cosas
internas, y también sabiendo ponerle un “hasta aquí” a las externas cuando
amenazan nuestra felicidad, nuestra paz y nuestro bienestar. Muchas cosas malas se hacen en nombre de la
verdad, pero siendo que la verdad empieza por nosotros mismos y termina en
Dios, quien es el infinito, debemos aprender a manejar toda otra verdad con
sabiduría, con valentía, con conocimiento, con conciencia, con seriedad, con
entendimiento, con responsabilidad y con fidelidad.
Nuestros
sentimientos son nuestra verdad, pero no obligatoriamente “la verdad”. Para descubrir si nuestros sentimientos son
puros y parte de una verdad mayor, debemos estar dispuestos a hacer un examen. Debemos confrontarlos con la verdad
superior, y colocar todo aquello que es puro en un lugar especial en donde no
sufra daño.
Debemos aprender a guardar nuestro corazón, a no tener nuestros sentimientos en la superficie ni permitir que cualquiera pueda verlos y mucho menos tocarlos. Al fallar en hacer esto estamos expuestos a sufrir daño debido a nuestra ignorancia e incapacidad para lidiar con la verdad. Las personas malintencionadas, malas y perversas saben reconocer a las personas sentimentales y pueden definir su grado de desprotección, usando esto a su favor y en contra de aquéllos que no manejan la verdad con madurez y fidelidad.
Debemos aprender a guardar nuestro corazón, a no tener nuestros sentimientos en la superficie ni permitir que cualquiera pueda verlos y mucho menos tocarlos. Al fallar en hacer esto estamos expuestos a sufrir daño debido a nuestra ignorancia e incapacidad para lidiar con la verdad. Las personas malintencionadas, malas y perversas saben reconocer a las personas sentimentales y pueden definir su grado de desprotección, usando esto a su favor y en contra de aquéllos que no manejan la verdad con madurez y fidelidad.
Los
pensamientos son un área muy vasta y mucho más fácil de manejar, pero no menos
peligrosa. Lo complicado es desaprender lo que hemos
aprendido mal. Tenemos que empezar por
reconocer que, no importando cuán agradables nos sean ciertos pensamientos,
filosofías, convicciones, tenemos que estar dispuestos a deshacernos de todo lo que es erróneo. Debemos desechar, tan pronto como sea posible,
la información vacía, equivocada, falsa, mala que hemos recibido, la cual
resulta nociva y destructiva. Esta
disposición nos permitirá confrontar toda verdad para retener todo lo bueno, fuerte,
puro, veraz, edificante, seguro, positivo, bueno, concediéndonos la capacidad
de asir nuestro destino eterno y definir nuestra vida aquí, ahora y luego.
La
verdad es que existen cosas circunstanciales y cosas eternas. La verdad es que hay cosas pasajeras y cosas
inconmovibles. La verdad es que existe el bien y el mal; salvación y condenación; la felicidad y la infelicidad. La verdad es que no debemos caer en la
mentira, el error, el engaño de lo que nos agrada, sino buscar una vida madura
en la que caminamos sobra una base firme:
valores eternos, verdades divinas, leyes correctas, lineamientos
correctos; en síntestis, todo lo que pertenezca al bien.
“La
vida consiste en algo más que en acelerar su paso.” Gandhi
La
verdad innegable de nuestros pensamientos es que estamos pensando. La verdad innegable de nuestros sentimientos
es que están allí. La verdad cambiante,
variable, opcional es: ¿Necesito
pensar? ¿Está bien que me detenga a
pensar? ¿Debo pensar en esta
situación? ¿Estoy dudando en lugar de
ser valiente? ¿Estoy siendo infiel y
egoísta en lugar de ser fiel? ¿Tengo miedo? ¿Son mis sentimientos puros? ¿Estoy negando mis sentimientos? ¿Tengo una contradicción entre mis valores,
mis deseos y mis sentimientos? ¿Debo
proteger mis sentimientos o debo deshacerme de alguno de ellos y cambiar?
¿Por qué
debemos hacernos estas preguntas?
Porque sólo
nosotros, sólo cada uno, puede y debe contestar cada una de ellas, si es que
queremos una vida estable, de felicidad lícita y duradera.
Si fuera
verdad que no hay nada bueno en mí, que
mis pensamientos están llenos de vanidad, de orgullo y egoísmo, y mis
sentimientos también, queda aún la opción de utilizar la voluntad para empezar
de nuevo, pues me tengo a mí mismo/a.
Tengo vida, tengo fe, ansias, disposición, fuerza, humildad,
determinación, esperanza. La verdad es
que el amor me llama, me invita, me espera, me advierte.
¿De qué nos
sirve “hacer” si no hay verdad en nuestras vidas? De nada.
Es bueno, por lo tanto, detenernos cuantas veces sea necesario en el
camino de la vida, para verificar que no
hemos fallado en hallar principios eternos que garanticen nuestra felicidad aquí
y en la eternidad.
Para llegar a
un punto de plenitud en el que sepamos perfectamente bien quiénes somos, cómo
funcionan nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestros corazones debemos recorrer
trecho. Los diez primeros años de nuestra
vida deben ser de descubrimiento, tanto interno como externo. Los siguientes diez deben ser de comprensión
acerca de nosotros mismos y de la vida que nos rodea; y los siguientes diez de
definición. Si hemos vivido mal las
primeras dos décadas, esto afectará el éxito de la tercera. Aún así, existe la posibilidad de buscar,
encontrar, abrazar y poner a funcionar la verdad en nuestras vidas para echar
mano de la felicidad que Dios nos concede.
Debiéramos
comprender el diseño de Dios para enseñarle a nuestros hijos a vivir de acuerdo
a éste, permitirles vivir en esta libertad, ayudarlos a comprender la responsabilidad
que tienen, y aprender nosotros mismos a vivir, sabiendo, que la verdad definirá
SIEMPRE nuestro destino. Por lo tanto,
debemos comprometernos a descubrir toda verdad que afecte nuestras vidas
directamente, lejos de perder tiempo aprendiendo toda clase de cosas ajenas a nosotros
mismos, a nuestras vidas inmediatas. Y
abrirnos a vivir en un margen limitado de tiempo, espacio y circunstancias
individuales, acrecentando así nuestras posibilidades de tener una felicidad lícita
y duradera, en lugar de ponerlo todo en peligro debido al envanecimiento,
soberbia y egoísmo.
¡Qué el orgullo no sea un impedimento para llegar a la verdad, sino una razón más para comprender la necesidad profunda de lidiar con él - orgullo - para no perdernos lo que la vida tiene para nosotros, y para no tener que llegar hasta allí - la verdad - a través de mucho dolor! No encontrar la verdad es fatal. Debemos aprender humildemente a movernos en la verdad, protegiéndonos y protegiendo así a otros de caer en hoyos negros o vacíos de sentimentalismo hueco, imaginaciones y demencia parcial. Debemos transmitir sólo verdad, y aceptar y comprender que nuestro mundo interno es sólo nuestro, hasta que encontremos amor que nos permita compartirlo sin dañar ni destruir.
¡Qué el orgullo no sea un impedimento para llegar a la verdad, sino una razón más para comprender la necesidad profunda de lidiar con él - orgullo - para no perdernos lo que la vida tiene para nosotros, y para no tener que llegar hasta allí - la verdad - a través de mucho dolor! No encontrar la verdad es fatal. Debemos aprender humildemente a movernos en la verdad, protegiéndonos y protegiendo así a otros de caer en hoyos negros o vacíos de sentimentalismo hueco, imaginaciones y demencia parcial. Debemos transmitir sólo verdad, y aceptar y comprender que nuestro mundo interno es sólo nuestro, hasta que encontremos amor que nos permita compartirlo sin dañar ni destruir.
Al iniciar
nuestro caminar por la vida e ir agregando información y conocimiento a nuestra
mente, e ir adquiriendo capacidad,
tenemos la tendencia a sentir y creer que lo dominamos todo. Es una sensación totalmente natural y veraz,
dada nuestra situación de seres humanos que están creciendo. Al llegar a la adultez tenemos que buscar
el realismo y definir nuestra postura ante la vida. Tenemos que definir nuestro punto de
referencia, que es el que nos va a conceder vivir en plenitud, dándonos una
visión objetiva, un punto firme de equilibrio y una relación inequívoca con la
verdad, porque no hemos escogido un punto al azar, sino uno que está directamente
relacionado con nosotros, concediéndonos el control total de nuestras vidas y
un punto prometedor de relación con nuestro entorno, no importando en dónde nos
movamos ni hacia dónde.
La sensación
de grandeza es un sentimiento de satisfacción, semejante al que experimentamos
al comer. Cuando nuestro estómago se ha
llenado sentimos bienestar. Sin embargo,
necesitamos comer regularmente para estar realmente bien. Al reconocer esta sensación del alma en
cuanto a nuestra capacidad, debemos detenernos para buscar la verdad acerca de
nosotros mismos y encontrar este maravilloso punto de relación con ella para
estar apegados a la verdad y no a las sensaciones y sentimientos vanos y
pasajeros. De permanecer en el lugar de
la sensación en lugar de continuar al lugar de definición, aprenderemos a
través de dolor, pérdida o hasta destrucción; y podemos quedar lisiados
(sentimental, intelectual y hasta físicamente) por siempre, lejos de haber
logrado la plenitud individual. Pues, la
verdad no es una sensación. Una
sensación puede ser parte de la verdad o ser totalmetne ajena a ella.
Por lo tanto,
la sensación de llenura no es más que señal de necesidad de cambio y de
detención. No comemos para evitar dolor y llenar el estómago; comemos para proveer a nuestro cuerpo de vitaminas, minerales, alimento, salud, fuerza. Es necesario detenernos, examinarnos,
ajustarnos al realismo; hacernos exámenes profundos y serios, para continuar en
nuestra propia carretera (capacidad intelectual personal) por el camino de la
vida, y disfrutar grandemente de las oportunidades, los retos, las promesas,
las opciones que la vida pone delante de nosotros. Para ello debemos estar en paz con la verdad. La llenura real indica que hemos encontrado algo que sacia nuestras necesidades, sean las del cuerpo o las del alma.
Cada vez que
veamos que no estamos en un aro de la cebolla sabemos que hemos caído en el
engaño de los sentimientos; el engaño de
las sensaciones, de la sensualidad, del envanecimiento. No importando en qué aro de la cebolla nos
encontremos, si en el de más afuera, el más largo, el más grande; o el más
insignificante, el más pequeño, el más menospreciado, … lo que importa es que
estemos dentro de cualquiera de ellos, porque estar afuera de este círculo de
la vida es estar del lado de la corrupción, que significa; muerte.
Sea temprano en la vida, o hasta el final, descubriremos que nos salimos,
nos apartamos, y recibiremos esa cosecha, que es muerte.
Sin verdad, no
hay amor. Sin amor no hay vida eterna.
Mientras no
conozcamos la verdad en su totalidad, no podemos movernos constantemente en el
centro. Hasta que la verdad total acerca
de cualquier cosa en la vida sea de nuestro conocimiento podremos permanecer
en el centro siempre, no importando qué hagamos. Dado que no podemos esperar hasta llegar a
ese punto para empezar a vivir, debemos creer en nosotros mismos y en nuestro
Creador para movernos confiadamente “lejos” (aparte) del centro, una vez hemos
tocado el aro en el que vamos a estarnos moviendo, sea por tiempo largo, corto
o indefinido. Es decir, … debemos estar
parados sobre la verdad no importando cuán pequeño sea lo que realicemos o
emprendamos. Y no importando si
nuestro crecimiento es mínimo o máximo, jamás debemos salirnos de la
verdad. Entre más grande sea nuestro
crecimiento, más círculos de la cebolla conoceremos. Cada uno debe saber cuándo volver al círculo
en el que se mueve, para verificar su crecimiento. Hipotéticamente, ya habiendo recorrido todos
los círculos y habiendo llegado al centro no necesitaríamos regresar porque nos
estaríamos moviendo constantemente dentro de la cebolla misma.
Entonces. Aunque pertenecemos a la cebolla (verdad
universal) tenemos una verdad individual que es una ramificación de la
cebolla, que, apartada de ella totalmente, vendría a ser como un cuerpo inerte; muerto. Es como si nos extendiéramos, a través de la cáscara o el tallo o los pelitos de la colita a un área más a allá de la cebolla misma, sin jamás dejar de encontrar el camino de regreso. Mientras estemos unidos a la cebolla podemos movernos con libertad. La vida, que está gobernada por la soberanía
y sabiduría, poder, amor y fidelidad de Dios, definirá nuestro camino.
El propósito
de la verdad es guiarnos a la vida en el amor, que es vida eterna; su propósito es mantenernos en esa vida; su propósito es confirmar nuestra felicidad
aquí, ahora, y luego.
No nos
perdamos, pues, en las verdades de otros.
No perdamos tiempo ni nos distraigamos por estar desviando la vista
hacia otros diferentes a nosotros. Cuidémonos del envanecimiento, que consiste
en creer que “tú eres LA verdad” y que todos aquello que no coincide contigo
está mal, es inadecuado o despreciable.
Busquemos constantemente toda verdad que nos corresponda.
Una verdad
básica que todo ser humano debe comprender es que consistimos de: cuerpo (muy bien conocida), mente
(relativamente bien comprendida), corazón (muy desconocido) y voluntad (muy
desestimada e incomprendida). Empezando
por nosotros mismos para comprender y corroborar toda supuesta verdad que
llegue a nosotros, vamos a caminar en forma firme debido a la fidelidad de
Dios, quien es quien permite todo en nuestras vidas con pensamientos de bien.
Sin amor no
hay vida. No importando cuánto sepamos o
podamos realizar en el mundo. Sin amor
no tenemos la capacidad de entender la vida y todo lo que podamos haber hecho,
tocado, logrado, tenido o disfrutado termina en la tumba, entre gusanos y
pestilencia.
El amor está
en el corazón, y éste tiene puertas. El
amor crece, se desarrolla y madura. Al
principio es inocente, y la inocencia es una puerta abierta. El amor se desarrolla y llegamos a comprender
que debemos tener el control para no sufrir ni hacer sufrir. La madurez es una puerta cerrada en el
corazón.
Debido a la
inocencia lloramos, tememos, nos entristecemos, sufrimos, padecemos. Las personas que reciben amor de nosotros se
llevan una bendición, pero nosotros sufrimos debido a la falta de entendimiento
en cuanto a la justicia y las leyes del amor.
Entre más temprano aprendamos lo que es el amor, menos sufriremos y más
obtendremos de la vida. En la madurez la
puerta del corazón se mantiene cerrada porque el corazón ha aprendido a estar
guardado. Pero es una puerta que se abre
y cierra, de acuerdo a la dignidad de las personas que se acercan a ella. Y si se quedan suficiente tiempo para ver que
se abra, podrán hallar muchas cosas dulces y maravillosas. Esta puerta es la que todos debemos hallar y
manejar. Es lo que somos en esencia y en
realidad. Es haber llegado a la verdad
más profunda de nuestro ser, lejos de apariencias y formas. Es nuestro privilegio y nuestra
responsabilidad.
La vida dentro
de la verdad debe ser como una fiesta;
debe ser una expectación calmada y llena de fe, que sabe que la vida
está cargada de sorpresas. No debe ser
una agenda rígida e inflexible, sino más bien, una abierta, que se acomoda al
amor constantemente.
Mi
verdad. La verdad.
Recordemos
que, para que nuestra verdad no se aleje de la verdad para morir, debemos
regresar siempre a la cebolla, y comprobar que seguimos en el riel
correcto. Las posibilidades son
infinitas debido al tamaño real de la cebolla.
Podemos estar moviéndonos en varios aros simultáneamente, en puntos
totalmente distintos, pero lo importante es que estamos EN la cebolla. De igual manera, no importa que “parezca”
que “sólo” estamos en un punto muy pequeño de un solo aro; la idea de este artículo es que comprendamos
que la dimensión de la verdad es algo que NO podemos ni debemos intentar
manejar, … si estamos en ella
es incalculable lo que pueda llegar a lograrse;
es inimaginable, pero maravillosamente posible. Así que:
Asegurémonos de que estamos EN la verdad. La vida nos promete cosas magníficas, y allí
estaremos todos, si tan sólo somos fieles a esa verdad que nos asegura
felicidad, y no momentánea y pasajera, sino eterna!
¡A VIVIR! … con libertad, con responsabilidad, con
ansias, con esperanza, con ilusión, con prudencia, con sabiduría, con fuerza,
con alegría, con paz, con expectación, con fidelidad, …
¡BENDICIONES!
“Hay cosas, tales como amar, dormir o
comportarse sin afectación, que
resultan peor cuando más nos esforzamos
por hacerlas.”
C.S.L.
“Si la moralidad fuese simplemente el cumplimiento de ciertas reglas, podríamos programar a una computadora para que fuese moral.” Samuel Ginder (el Post)
C.S.L.
“Si la moralidad fuese simplemente el cumplimiento de ciertas reglas, podríamos programar a una computadora para que fuese moral.” Samuel Ginder (el Post)
“Los fanáticos
nunca son inteligentes,
porque
los inteligentes nunca son fanáticos.”
Enrique Solaris Lima
"Integridad es la disposición para lidiar con la verdad.
Madurez es la capacidad para lidiar con la verdad."
Ami C.B.
Enrique Solaris Lima
"Integridad es la disposición para lidiar con la verdad.
Madurez es la capacidad para lidiar con la verdad."
Ami C.B.
“Aspira al cielo y
recibirás la tierra de adehala;
aspira a la tierra y no
obtendrás ni el uno ni la otra.”
C.S. Lewis
C.S. Lewis
“La memoria es algo
complicado; es pariente de la
verdad,
pero nunca su hermana gemela.”
Barbara Kinsolver
“Nunca es tarde hasta que es demasiado tarde.”
Ami C.B.
“Nunca es tarde hasta que es demasiado tarde.”
Ami C.B.
Recomendación: Blog: "Los cuatro Tiempos del Amor."
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