miércoles, 23 de enero de 2019



            La verdad es como la cebolla.  Quitas una capa y sigue otra y otra y otra y ...
           Cada vez que tocas una capa es entera, completa, un círculo que no se rompe, pero sigue otro debajo del primero.  Así continua otro y otro y otro, hasta que llegas al último.  Pero todos son la cebolla.  Así la verdad está conformada por ciclos completos, pero siempre sigue otro, hasta que llegas hasta lo más profundo de ella.  Podemos creer que estamos en el último círculo, y no podemos saber que no es así hasta que buscamos el siguiente y ya no hallamos ninguno porque hemos llegado hasta el más escondido.
James Dobson, en su libro:  “Emociones, ¿puedes confiar en ellas?” lo expresa así:  “La verdad es unidad.  En otras palabras, cuando el entendimiento acerca de ciertas cosas es completamente sabido no habrá discrepancia entre la ciencia y la Biblia.  Por consiguiente, cuando estas dos fuentes de conocimiento parecen estar en contradicción directa … o algo está mal en nuestra interpretación de las escrituras o la premisa científica es falsa.”

           La verdad debe ser considerada, reconocida y atesorada.  Ignorarla, negarla, menospreciarla o despreciarla puede acarrear dolores muy grandes, provocar heridas muy profundas y traer destrucción irreparable.
          La verdad puede ser muy dolorosa.  La verdad que rige nuestras vidas debe ser la verdad interior.  Cada uno debe saber si necesita saber más acerca de ciertas cosas.  P.ej.  a)  Si se desaparece algo de mi despensa, debo decidir si deseo dejarlo pasar, o si voy a realizar una investigación exhaustiva hasta averiguar si fue uno de mis hijos o alguno de los empleados.  b)  En casos de adulterio, cuando ha habido perdón, puede ser que la persona agraviada necesite saber ciertas cosas para poder seguir adelante.  La persona agraviada es la que debe decidir qué necesita saber y qué no necesita saber para poder continuar.  En el caso del agresor, él mismo debe estar seguro de que toda la culpa es suya y que puede continuar con el perdón de su pareja.  Tanto el no ser honesto al contestar las preguntas de su pareja, como el compartir con ella cosas que ella no desea saber, pone la relación en riesgo.  
                Debemos aprender a estar en paz con nosotros mismos y con Dios, no forzando las cosas internas, y también sabiendo ponerle un “hasta aquí” a las externas cuando amenazan nuestra felicidad, nuestra paz y nuestro bienestar.  Muchas cosas malas se hacen en nombre de la verdad, pero siendo que la verdad empieza por nosotros mismos y termina en Dios, quien es el infinito, debemos aprender a manejar toda otra verdad con sabiduría, con valentía, con conocimiento, con conciencia, con seriedad, con entendimiento, con responsabilidad y con fidelidad.
                Nuestros sentimientos son nuestra verdad, pero no obligatoriamente “la verdad”.  Para descubrir si nuestros sentimientos son puros y parte de una verdad mayor, debemos estar dispuestos a hacer un examen.  Debemos confrontarlos con la verdad superior, y colocar todo aquello que es puro en un lugar especial en donde no sufra daño. 
               Debemos aprender a guardar nuestro corazón, a no tener nuestros sentimientos en la superficie ni permitir que cualquiera pueda verlos y mucho menos tocarlos.   Al fallar en hacer esto estamos expuestos a sufrir daño debido a nuestra ignorancia e incapacidad para lidiar con la verdad.  Las personas malintencionadas, malas y perversas saben reconocer a las personas sentimentales y pueden definir su grado de desprotección, usando esto a su favor y en contra de aquéllos que no manejan la verdad con madurez y fidelidad.

                Los pensamientos son un área muy vasta y mucho más fácil de manejar, pero no menos peligrosa.   Lo complicado es desaprender lo que hemos aprendido mal.  Tenemos que empezar por reconocer que, no importando cuán agradables nos sean ciertos pensamientos, filosofías, convicciones, tenemos que estar dispuestos a deshacernos de todo lo que es erróneo.  Debemos desechar, tan pronto como sea posible, la información vacía, equivocada, falsa, mala que hemos recibido, la cual resulta nociva y destructiva.  Esta disposición nos permitirá confrontar toda verdad para retener todo lo bueno, fuerte, puro, veraz, edificante, seguro, positivo, bueno, concediéndonos la capacidad de asir nuestro destino eterno y definir nuestra vida aquí, ahora y luego.

                La verdad es que existen cosas circunstanciales y cosas eternas.  La verdad es que hay cosas pasajeras y cosas inconmovibles. La verdad es que existe el bien y el mal;  salvación y condenación;  la felicidad y la infelicidad.  La verdad es que no debemos caer en la mentira, el error, el engaño de lo que nos agrada, sino buscar una vida madura en la que caminamos sobra una base firme:  valores eternos, verdades divinas, leyes correctas, lineamientos correctos; en síntestis, todo lo que pertenezca al bien.   

                   “La vida consiste en algo más que en acelerar su paso.”  Gandhi
               La verdad innegable de nuestros pensamientos es que estamos pensando.  La verdad innegable de nuestros sentimientos es que están allí.  La verdad cambiante, variable, opcional es:  ¿Necesito pensar?  ¿Está bien que me detenga a pensar?  ¿Debo pensar en esta situación?  ¿Estoy dudando en lugar de ser valiente?  ¿Estoy siendo infiel y egoísta en lugar de ser fiel?  ¿Tengo miedo?  ¿Son mis sentimientos puros?  ¿Estoy negando mis sentimientos?  ¿Tengo una contradicción entre mis valores, mis deseos y mis sentimientos?  ¿Debo proteger mis sentimientos o debo deshacerme de alguno de ellos y cambiar? 
¿Por qué debemos hacernos estas preguntas?
Porque sólo nosotros, sólo cada uno, puede y debe contestar cada una de ellas, si es que queremos una vida estable, de felicidad lícita y duradera.
Si fuera verdad que no hay nada bueno en mí,  que mis pensamientos están llenos de vanidad, de orgullo y egoísmo, y mis sentimientos también, queda aún la opción de utilizar la voluntad para empezar de nuevo, pues me tengo a mí mismo/a.  Tengo vida, tengo fe, ansias, disposición, fuerza, humildad, determinación, esperanza.  La verdad es que el amor me llama, me invita, me espera, me advierte.
¿De qué nos sirve “hacer” si no hay verdad en nuestras vidas?  De nada.  Es bueno, por lo tanto, detenernos cuantas veces sea necesario en el camino de la vida, para verificar que no hemos fallado en hallar principios eternos que garanticen nuestra felicidad aquí y en la eternidad.

Para llegar a un punto de plenitud en el que sepamos perfectamente bien quiénes somos, cómo funcionan nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestros corazones debemos recorrer trecho.  Los diez primeros años de nuestra vida deben ser de descubrimiento, tanto interno como externo.  Los siguientes diez deben ser de comprensión acerca de nosotros mismos y de la vida que nos rodea; y los siguientes diez de definición.  Si hemos vivido mal las primeras dos décadas, esto afectará el éxito de la tercera.  Aún así, existe la posibilidad de buscar, encontrar, abrazar y poner a funcionar la verdad en nuestras vidas para echar mano de la felicidad que Dios nos concede.

Debiéramos comprender el diseño de Dios para enseñarle a nuestros hijos a vivir de acuerdo a éste, permitirles vivir en esta libertad, ayudarlos a comprender la responsabilidad que tienen, y aprender nosotros mismos a vivir, sabiendo, que la verdad definirá SIEMPRE nuestro destino.  Por lo tanto, debemos comprometernos a descubrir toda verdad que afecte nuestras vidas directamente, lejos de perder tiempo aprendiendo toda clase de cosas ajenas a nosotros mismos, a nuestras vidas inmediatas.  Y abrirnos a vivir en un margen limitado de tiempo, espacio y circunstancias individuales, acrecentando así nuestras posibilidades de tener una felicidad lícita y duradera, en lugar de ponerlo todo en peligro debido al envanecimiento, soberbia y egoísmo. 
           ¡Qué el orgullo no sea un impedimento para llegar a la verdad, sino una razón más para comprender la necesidad profunda de lidiar con él - orgullo - para no perdernos lo que la vida tiene para nosotros, y para no tener que llegar hasta allí - la verdad - a través de mucho dolor!  No encontrar la verdad es fatal. Debemos aprender humildemente a movernos en la verdad, protegiéndonos y protegiendo así a otros de caer en hoyos negros o vacíos de sentimentalismo hueco,  imaginaciones y demencia parcial.  Debemos transmitir sólo verdad, y aceptar y comprender que nuestro mundo interno es sólo nuestro, hasta que encontremos amor que nos permita compartirlo sin dañar ni destruir.

Al iniciar nuestro caminar por la vida e ir agregando información y conocimiento a nuestra mente, e ir adquiriendo  capacidad, tenemos la tendencia a sentir y creer que lo dominamos todo.  Es una sensación totalmente natural y veraz, dada nuestra situación de seres humanos que están creciendo.    Al llegar a la adultez tenemos que buscar el realismo y definir nuestra postura ante la vida.  Tenemos que definir nuestro punto de referencia, que es el que nos va a conceder vivir en plenitud, dándonos una visión objetiva, un punto firme de equilibrio y una relación inequívoca con la verdad, porque no hemos escogido un punto al azar, sino uno que está directamente relacionado con nosotros, concediéndonos el control total de nuestras vidas y un punto prometedor de relación con nuestro entorno, no importando en dónde nos movamos ni hacia dónde.

La sensación de grandeza es un sentimiento de satisfacción, semejante al que experimentamos al comer.  Cuando nuestro estómago se ha llenado sentimos bienestar.  Sin embargo, necesitamos comer regularmente para estar realmente bien.  Al reconocer esta sensación del alma en cuanto a nuestra capacidad, debemos detenernos para buscar la verdad acerca de nosotros mismos y encontrar este maravilloso punto de relación con ella para estar apegados a la verdad y no a las sensaciones y sentimientos vanos y pasajeros.  De permanecer en el lugar de la sensación en lugar de continuar al lugar de definición, aprenderemos a través de dolor, pérdida o hasta destrucción; y podemos quedar lisiados (sentimental, intelectual y hasta físicamente) por siempre, lejos de haber logrado la plenitud individual.  Pues, la verdad no es una sensación.  Una sensación puede ser parte de la verdad o ser totalmetne ajena a ella.
Por lo tanto, la sensación de llenura no es más que señal de necesidad de cambio y de detención.  No comemos para evitar dolor y llenar el estómago;  comemos para proveer a nuestro cuerpo de vitaminas, minerales, alimento, salud, fuerza.  Es necesario detenernos, examinarnos, ajustarnos al realismo; hacernos exámenes profundos y serios, para continuar en nuestra propia carretera (capacidad intelectual personal) por el camino de la vida, y disfrutar grandemente de las oportunidades, los retos, las promesas, las opciones que la vida pone delante de nosotros.  Para ello debemos estar en paz con la verdad.  La llenura real indica que hemos encontrado algo que sacia nuestras necesidades, sean las del cuerpo o las del alma.

Cada vez que veamos que no estamos en un aro de la cebolla sabemos que hemos caído en el engaño de los sentimientos;  el engaño de las sensaciones, de la sensualidad, del envanecimiento.  No importando en qué aro de la cebolla nos encontremos, si en el de más afuera, el más largo, el más grande; o el más insignificante, el más pequeño, el más menospreciado, … lo que importa es que estemos dentro de cualquiera de ellos, porque estar afuera de este círculo de la vida es estar del lado de la corrupción, que significa;  muerte.  Sea temprano en la vida, o hasta el final, descubriremos que nos salimos, nos apartamos, y recibiremos esa cosecha, que  es muerte.

Sin verdad, no hay amor.  Sin amor no hay vida eterna.
Mientras no conozcamos la verdad en su totalidad, no podemos movernos constantemente en el centro.  Hasta que la verdad total acerca de cualquier cosa en la vida sea de nuestro conocimiento podremos permanecer en el centro siempre, no importando qué hagamos.  Dado que no podemos esperar hasta llegar a ese punto para empezar a vivir, debemos creer en nosotros mismos y en nuestro Creador para movernos confiadamente “lejos” (aparte) del centro, una vez hemos tocado el aro en el que vamos a estarnos moviendo, sea por tiempo largo, corto o indefinido.  Es decir, … debemos estar parados sobre la verdad no importando cuán pequeño sea lo que realicemos o emprendamos.    Y no importando si nuestro crecimiento es mínimo o máximo, jamás debemos salirnos de la verdad.  Entre más grande sea nuestro crecimiento, más círculos de la cebolla conoceremos.  Cada uno debe saber cuándo volver al círculo en el que se mueve, para verificar su crecimiento.  Hipotéticamente, ya habiendo recorrido todos los círculos y habiendo llegado al centro no necesitaríamos regresar porque nos estaríamos moviendo constantemente dentro de la cebolla misma.
Entonces.  Aunque pertenecemos a la cebolla (verdad universal) tenemos una verdad individual que es una ramificación de la cebolla, que, apartada de ella totalmente, vendría  a ser como un cuerpo inerte;  muerto.  Es como si nos extendiéramos, a través de la cáscara o el tallo o los pelitos de la colita a un área más a allá de la cebolla misma, sin jamás dejar de encontrar el camino de regreso.  Mientras estemos unidos a la cebolla podemos movernos con libertad.  La vida, que está gobernada por la soberanía y sabiduría, poder, amor y fidelidad de Dios, definirá nuestro camino.

El propósito de la verdad es guiarnos a la vida en el amor, que es vida eterna;  su propósito es mantenernos en esa vida;  su propósito es confirmar nuestra felicidad aquí, ahora, y luego.
No nos perdamos, pues, en las verdades de otros.  No perdamos tiempo ni nos distraigamos por estar desviando la vista hacia otros diferentes a nosotros. Cuidémonos del envanecimiento, que consiste en creer que “tú eres LA verdad” y que todos aquello que no coincide contigo está mal, es inadecuado o despreciable.  Busquemos constantemente toda verdad que nos corresponda.

Una verdad básica que todo ser humano debe comprender es que consistimos de:  cuerpo (muy bien conocida), mente (relativamente bien comprendida), corazón (muy desconocido) y voluntad (muy desestimada e incomprendida).  Empezando por nosotros mismos para comprender y corroborar toda supuesta verdad que llegue a nosotros, vamos a caminar en forma firme debido a la fidelidad de Dios, quien es quien permite todo en nuestras vidas con pensamientos de bien.
Sin amor no hay vida.  No importando cuánto sepamos o podamos realizar en el mundo.  Sin amor no tenemos la capacidad de entender la vida y todo lo que podamos haber hecho, tocado, logrado, tenido o disfrutado termina en la tumba, entre gusanos y pestilencia.
El amor está en el corazón, y éste tiene puertas.  El amor crece, se desarrolla y madura.  Al principio es inocente, y la inocencia es una puerta abierta.  El amor se desarrolla y llegamos a comprender que debemos tener el control para no sufrir ni hacer sufrir.  La madurez es una puerta cerrada en el corazón.  

Debido a la inocencia lloramos, tememos, nos entristecemos, sufrimos, padecemos.  Las personas que reciben amor de nosotros se llevan una bendición, pero nosotros sufrimos debido a la falta de entendimiento en cuanto a la justicia y las leyes del amor.  Entre más temprano aprendamos lo que es el amor, menos sufriremos y más obtendremos de la vida.  En la madurez la puerta del corazón se mantiene cerrada porque el corazón ha aprendido a estar guardado.  Pero es una puerta que se abre y cierra, de acuerdo a la dignidad de las personas que se acercan a ella.  Y si se quedan suficiente tiempo para ver que se abra, podrán hallar muchas cosas dulces y maravillosas.  Esta puerta es la que todos debemos hallar y manejar.  Es lo que somos en esencia y en realidad.  Es haber llegado a la verdad más profunda de nuestro ser, lejos de apariencias y formas.  Es nuestro privilegio y nuestra responsabilidad.

La vida dentro de la verdad debe ser como una fiesta;  debe ser una expectación calmada y llena de fe, que sabe que la vida está cargada de sorpresas.  No debe ser una agenda rígida e inflexible, sino más bien, una abierta, que se acomoda al amor constantemente.
Mi verdad.  La verdad.
Recordemos que, para que nuestra verdad no se aleje de la verdad para morir, debemos regresar siempre a la cebolla, y comprobar que seguimos en el riel correcto.  Las posibilidades son infinitas debido al tamaño real de la cebolla.  Podemos estar moviéndonos en varios aros simultáneamente, en puntos totalmente distintos, pero lo importante es que estamos EN la cebolla.  De igual manera, no importa que “parezca” que “sólo” estamos en un punto muy pequeño de un solo aro;  la idea de este artículo es que comprendamos que la dimensión de la verdad es algo que NO podemos ni debemos intentar manejar, … si estamos en ella es incalculable lo que pueda llegar a lograrse;  es inimaginable, pero maravillosamente posible.  Así que:  Asegurémonos de que estamos EN la verdad.  La vida nos promete cosas magníficas, y allí estaremos todos, si tan sólo somos fieles a esa verdad que nos asegura felicidad, y no momentánea y pasajera, sino eterna!

¡A VIVIR!  … con libertad, con responsabilidad, con ansias, con esperanza, con ilusión, con prudencia, con sabiduría, con fuerza, con alegría, con paz, con expectación, con fidelidad, …
                       ¡BENDICIONES!


 “Hay cosas, tales como amar, dormir o comportarse sin afectación,                                                     que resultan peor cuando más nos esforzamos  por hacerlas.” 
 C.S.L.


“Si la moralidad fuese simplemente el cumplimiento de ciertas reglas,                                                    podríamos programar a una computadora para que fuese moral.”                                                                                       Samuel Ginder (el Post)

“Los fanáticos nunca son inteligentes,                                                                                                  porque los inteligentes nunca son fanáticos.” 
                                                                Enrique Solaris Lima



"Integridad es la disposición para lidiar con la verdad.
Madurez es la capacidad para lidiar con la verdad."
Ami C.B.


“Aspira al cielo y recibirás la tierra de adehala;                                                                                   
 aspira a la tierra y no obtendrás ni el uno ni la otra.” 
C.S.  Lewis


“La memoria es algo complicado;  es pariente de la verdad,                                                                 pero nunca su hermana gemela.”  Barbara Kinsolver


“Nunca es tarde hasta que es demasiado tarde.” 
Ami C.B.






 Recomendación:  Blog:  "Los cuatro Tiempos del Amor."

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